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20 Abril 2011 Posteado por Toro Salvaje | Blog

Freetown, Sierra Leona Los niños de la carcel de Pademba Road

Vendedora de cacahuetes en Freetown

Vendedora de cacahuetes en Freetown

Sierra Leona con 71.740 km2 de extensión y 6 Millones de habitantes fue durante el siglo XVIII un importante centro de tráfico de esclavos. Con importantes recursos minerales y pesqueros y una agricultura a potenciar, la infraestructura social y económica no está desarrollada. La esperanza de vida es de apenas 42 años y con una tasa de analfabetismo superior al 50% muchos problemas sociales siguen obstaculizando el desarrollo económico después de una guerra civil de 9 años que ha dejado al pais devastado.

Farmacia © Vicki Hicks

Haciendo cola en la Farmacia, Freetown © Vicki Hicks

Sierra Leona, el antepenúltimo país del índice de desarrollo humano (en el puesto 180 de 182) pese a su gran riqueza natural en diamantes y otros minerales, tiene unos índices de mortalidad neonatal, infantil y materna de los peores del mundo.  El 60% de la población en edad de trabajar vive de la agricultura de subsistencia y la industria se reduce casi exclusivamente al procesado de materias primas.

Adolescentes vendiendo en la calle

Adolescentes vendiendo en la calle, Freetown

Sierra Leona fue creada principalmente para establecer a esclavos liberados, quienes fundaron la capital del país, Freetown, en 1791. Freetown (Ciudad Libre en español), es la capital, principal puerto, ciudad y centro comercial de Sierra Leona. Se encuentra ubicada sobre la costa del océano Atlántico.

© Vicki Hicks

© Vicki Hicks

El Gobierno de este pais fijó, en la guerra civil, la edad de responsabilidad penal a partir de los 10 años, en contradicción con la ratificación por parte de Sierra Leona de la Convención de Naciones Unidas sobre los Derechos del Niño.

Mohamed Conteh, 14 años

Mohamed Conteh, 14 años, delito posesión de cannabis 2 años de prisión, © Fernando Moleres

Las consecuencias de la guerra civil fueron especialmente duras para los menores. Un gran número de niños fueron desplazados, heridos y traumatizados, y miles de ellos quedaron huérfanos. Muchos fueron secuestrados, obligados a combatir y cometer atrocidades terribles. Muchas niñas y adolescentes fueron raptadas y utilizadas como esclavas sexuales por los grupos rebeldes. Huérfanos y niños abandonados fueron llegando en grandes cantidades a las ciudades y han terminado viviendo en las calles, enfrentados así a una situación de extremo riesgo de supervivencia. Muchos cometen pequeños hurtos y acaban encarcelados durante años.

Manyu

Años encarcelados por robos como el que cometió Manyu, sustrajo 25 euros © Fernando Moleres

La arbitrariedad policial se ceba con ellos y pueden ser detenidos por faltas menores como la simple presencia en la calle a partir de medianoche, una falta de identificación adecuada, callejeo, absentismo escolar, mendicidad o falta de control paterno.

© Fernando Moleres

Han olvidado su pasado y no son capaces de ver un futuro © Fernando Moleres

Una vez en la carcel, la salida de la prisión es un camino complicado que puede llegar a durar años. La cárcel de Freetown, a la que los presos y locales llaman Pademba Road, la habitan los mas desgraciados y mas pobres. Entre los presos se mezclan menores que comparten injusticias, miedo, sarna, falta de agua y comida. Han olvidado su pasado y no son capaces de ver un futuro.

Oficial de la prision

Los expedientes se pierden por la falta de un mínimo sistema de archivo, © Fernando Moleres

Prácticamente todos en la prisión tienen sarna, una enfermedad de la piel contagiosa que florece en las celdas abarrotadas de hombres que yacen, de noche amontonados y pegados unos a otros. Los pocos que consiguen algo de dinero, compran jabón y agua que se vende por cubos y, si les sobra algo, alguna comida extra. La mejor estación del año es la de las lluvias. Agua y duchas gratis para todos.

Presos hacinados

Los presos duermen hacinados, © Fernando Moleres

En la hora de la comida todos forman cola en las puertas de metal de una mazmorra oscura y los presos mayores deciden cuánto se sirve a cada uno. Comen con ansia, con las manos, en cuclillas, medio desnudos sobre el suelo del calabozo, en cuencos de plástico. Cada preso recibe un botellín de plástico de agua, un agua sucia que te haría enfermar, pero que todos los presos atesoran y beben a sorbos, con enorme sentido del ahorro, durante todo el día y la noche, hasta que les entreguen el siguiente botellín 24 horas después.

Colas a la hora de comer, Fernando Moleres

Colas a la hora de comer, © Fernando Moleres

Fernando Moleres ha realizado un ambicioso trabajo en las cárceles de este país africano entre febrero y agosto de 2010. Un trabajo riguroso que muestra las historias de niños encarcelados acusados de delitos menores y que están recluidos en unas circunstancias pésimas. El fotógrafo bilbaíno nos muestra la realidad de un sistema de presiones saturado donde los adolescentes son los más vulnerables y padecen las peores condiciones.

Desesperado, Fernando Moleres

Desesperado, © Fernando Moleres

Ha sido ganador del premio de fotografía humanitaria Luis Valtueña 2011, que cada año organiza Médicos del Mundo. Puedes visitar la exposición en La Casa Encendida de Madrid hasta el 2 de mayo.

Presos conducidos a los tribunales

Todas las mañanas los presos de Pademba son conducidos a los tribunales © Fernando Moleres

No hay esperanza

No hay esperanza © Fernando Moleres

Fuentes: Wikipedia, ONG Nazareth House , Fernando Moleres , Revela Oleiros.

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